
Me duele tu huída
el silencio que me lanzas.
Quizá cuando regreses
vengas contento
o amargo de alcohol
como otras veces
y todo sea rompernos
a mordiscos
y todo sea un correr de gatos
como hojas por el balcón.
En un juego completo de armonizar la luz, las libélulas caen, caen, caen... y aparece una lluvia de alas que confunde el papel. Advertencia: el virus de la poesía puede atraparte. No hay vacuna ni curación posible.